sábado, 22 de septiembre de 2007

Inventario ornitológico urbano

o también "Los pájaros de mi cabeza"

Un colibrí amaestrado,
que bate sus alas con la fuerza suficiente
para no perturbar el ritmo del aire.
Que vuela en el parque del Oeste,
y que cada noche regresa a mí, para hacerme sentir.

Aquellas cotorras de la Universitaria,
que tantas veces me dejaron subir
a las copas de sus pinos
y a las que tanta veces, hablé
de tí.

Aquel gorríon que me enseñó a pensar,
a saber mirar por la mirilla de mi ventana.
Aquel gorrión
que cambió mi escritura.

Los vencejos que un día creí que me insultaban
pero que lo único que hacían

era gritarme para que siguiera escribiendo.

La golondrina, anormalmente blanca,
que fecundó la menarquía de tu alma
y que se enamoró de tí.

Las odiadas palomas
que tantas tardes paso crucificando en mi mesa
llena de papeles y de boligrafos como cruces.

Las urracas, como vestidas de frac
las urracas, como extremo de la belleza
como parte de lo sublime en que se basa mi escritura.

Y el descendiente de aquel primer colibrí
que vuela por el parque del Oeste, templo de Debod,
parque de la montaña... .

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Podrías ser Dar perfectamente, el protagonista de "El señor de las bestias". Capaz de comunicarse con los animales. El señor de los pájaros en este caso.
Diles que me presten sus alas por un rato, o déjame la tuyas...

Cuídate, saludos.

Anónimo dijo...

no solo de animales vive el hombre aunque sabemos que nos dominan en nuestras profundidades, deja que se alejen y escucha al viento sabra guiarte mejor que una golondrina blanca