ELLA- ¿yo soy la dueña de tu corazón?
ELLA- ¿sólo?
ELLA- TE AMOOO
ELLA- de todo
ELLA- el protagonista y el causante de mis desvelos
ELLA- tu eres el culpable de mi libertad
ELLA- ¿te hago sentir sentimiento?
ELLA- ¿y eso?
ELLA- yo juego con las palabras que salen de tu boca
ELLA- te sientes mi sentimiento
ELLA- no siento lo que digo pero digo lo que siento
ELLA- eso son palabritas que se llevan dentro
ELLA- quiero ser vagabundo en tu cuerpo y perderme en la profundidad de tu mirada
ELLA- y yo soy misionera de tus labios por donde paseo, llévame muy lejos y hasta el infinito contigo, donde no nos molesten y estemos solitos, donde tus manos se convierten esposas para las mías
ELLA- te dejo ser mis sábanas para que por la noche puedas arroparme
ELLA- tu eres mi amanecer
ELLA- yo solo espero tenerte, estar rodeada de tus brazos, ser la niña de tus ojos, ser la culpable de la sonrisa en tu pensamiento
ELLA- me ahogo en el sabor de tu cuerpo
ELLA- desde que te vi, te quedaste grabado en mi mente
ELLA- y yo la niña que te levanta del derribamiento
ELLA- y la mía la de una madre al dar a luz a su primer chiquillo
ELLA- ya lo has hecho, desde aquel día bastó para grabarte automáticamente
ELLA- te has equivocado, están en mis ojos
ELLA- se me habrán escapado
martes, 29 de enero de 2008
sábado, 26 de enero de 2008
Una frase
Una frase de un último proyecto, un proyecto difícil, ambicioso, metafísico, sentimental y de sentimientos... (espero poder terminarlo y conseguir mi objetivo) |
miércoles, 23 de enero de 2008
Como un delfín
Y como un delfín, así oía yo. Las ondas viajaban por el líquido amniótico emulando al Mar Mediterráneo y yo flotaba en su interior. Y como oye un delfín, así oía yo mi corazón, cual caracola varada en el agua, así oía yo el torrente de sentimientos que corrían por el cordón umbilical, culpable de la unidad que éramos mi madre y yo, de la simbiosis entre tierra y mar. (Entonces, mi madre, era como una sirena).
Pero las ondas, atravesaban la membrana que me protegía, y es entonces cuando yo escuchaba las manos de mamá acariciar su tripa y era capaz, incluso, de sentir su tacto, otras veces era papá el que tocaba la tripa de mamá o mi hermana, con su pequeña mano, con sus ondas casi diminutas, que les costaba atravesar las paredes de la matriz de mi madre.
Sin embargo, lo más emocionante, era cuando mamá salía a pasear y yo oía sus pisadas, me imaginaba el terreno, diferenciaba entre el suelo del Metro o el suelo de charcos del invierno, o las escaleras de casa, o la humedad en los pies de cuando se metía en la bañera. Y así, como un delfín en el Mediterráneo, me sentía yo en el seno de mi madre.
Pero las ondas, atravesaban la membrana que me protegía, y es entonces cuando yo escuchaba las manos de mamá acariciar su tripa y era capaz, incluso, de sentir su tacto, otras veces era papá el que tocaba la tripa de mamá o mi hermana, con su pequeña mano, con sus ondas casi diminutas, que les costaba atravesar las paredes de la matriz de mi madre.
Sin embargo, lo más emocionante, era cuando mamá salía a pasear y yo oía sus pisadas, me imaginaba el terreno, diferenciaba entre el suelo del Metro o el suelo de charcos del invierno, o las escaleras de casa, o la humedad en los pies de cuando se metía en la bañera. Y así, como un delfín en el Mediterráneo, me sentía yo en el seno de mi madre.
domingo, 20 de enero de 2008
Sentimientos umbilicales
Dicen que desde que estamos en el útero materno cada persona tiene su propia manera de ser, de estar, de sentir, pero yo era mi madre y mi madre era yo. Eramos una unidad, estábamos en los mismo lugares, de forma interna y externa, sentíamos lo mismo, era un intercambio umbilical de sentimientos, que flotaban en el líquido amniotico de mi útero, eran ternura, delicadeza, pasión, sensibilidad, afecto, amor... flotaban como flores de loto en aquel líquido protector, que era como la transmisión de los brazos de mi madre, como un gran abrazo que me aportaba calor y al que yo respondía con compromiso.
jueves, 17 de enero de 2008
Colores
Pinto de colores pasados el recuerdo. Aquel abrigo marrón de mamá donde guardaba mi mano agarrada de sus pétalos, o la bolsa morada de la compra que ella cogía de un asa y yo de otra. Sus ojos marrones claros -claritos, que decía de pequeño-, el pelo cahoba, los labios pintados, la sonrisa de mamá, el jersey rojo que me hizo la abuela, y aquel chandal verde que compramos arriba, en el mercado.
Por fin empiezo a pintar el arco-iris de recuerdos. He dado un paso más allá, he salido del útero para regresar cuando quiera, pero sobre todo para darle color a la memoria. Ahora, un poco de amarillo y verde.
Por fin empiezo a pintar el arco-iris de recuerdos. He dado un paso más allá, he salido del útero para regresar cuando quiera, pero sobre todo para darle color a la memoria. Ahora, un poco de amarillo y verde.
lunes, 14 de enero de 2008
Nochebuena on the road
Subimos en el Chrysler musicalizado y emprendimos el rumbo sin un destino fijo. En la radio sonaban los Suaves, o AC/DC, o Tahúres Zurdos, o Medina Azahara. Recorrimos carreteras sin luces y pasamos por luces sin carreteras, paramos en un gasolinera a repostar y yo entré al restaurante. Encargué un cochinillo para celebrar la nochebuena y lo dejé encima del salpicadero del "Neon" musicalizado. Lamentablemente, el cochinillo duró poco sobre el salpicadero lleno de cartas de póker, de barajas españolas, de CD´s y de revistas de música. Al final, el cochinillo salió volando por mi ventana a la altura de Gran Vía porque el calor del animal empañaba la luna delantera de la discoteca móvil.
Decidimos entonces regresar a la gasolinera donde había comprado el cochinillo, donde una vez más me entraron ganas de cojer una piedra y estamparla contra el aparato de música y dejar de escuchar a Melody. Entonces eché de menos esos garitos de la ciudad, aquel garito donde Al dió su último concierto. Terminamos comprando sandwiches de pollo, una caja de cervezas sin alcohol y un par de botellas de ginebra y pocas latas de tónica. Esa sería nuestra cena de Nochebuena.
Cargados de víveres, emprendimos de nuevo el camino sin rumbo ni destino y acabamos en mitad de un campo, comiendo los sandwiches de pollo, bebiendo y hablando de música y de libros... fue entonces cuando decidimos componer una canción. Al, sacó su negrita del maletero, yo, saqué mi libreta y nos pusimos a ello.
-No nos movemos de aquí hasta que compongamos una canción- dije.
-De acuerdo.
Y pasamos el día de Navidad en mitad del campo, sin saber exáctamente donde estábamos, ya casi sin cerveza, sin ginebra y sin comida.
-¿Aún estará el cochinillo en el asfalto de Gran Vía?
-Es lo mejor que podemos hacer, ir a ver si sigue allí.
Y nos fuimos.
Decidimos entonces regresar a la gasolinera donde había comprado el cochinillo, donde una vez más me entraron ganas de cojer una piedra y estamparla contra el aparato de música y dejar de escuchar a Melody. Entonces eché de menos esos garitos de la ciudad, aquel garito donde Al dió su último concierto. Terminamos comprando sandwiches de pollo, una caja de cervezas sin alcohol y un par de botellas de ginebra y pocas latas de tónica. Esa sería nuestra cena de Nochebuena.
Cargados de víveres, emprendimos de nuevo el camino sin rumbo ni destino y acabamos en mitad de un campo, comiendo los sandwiches de pollo, bebiendo y hablando de música y de libros... fue entonces cuando decidimos componer una canción. Al, sacó su negrita del maletero, yo, saqué mi libreta y nos pusimos a ello.
-No nos movemos de aquí hasta que compongamos una canción- dije.
-De acuerdo.
Y pasamos el día de Navidad en mitad del campo, sin saber exáctamente donde estábamos, ya casi sin cerveza, sin ginebra y sin comida.
-¿Aún estará el cochinillo en el asfalto de Gran Vía?
-Es lo mejor que podemos hacer, ir a ver si sigue allí.
Y nos fuimos.
miércoles, 9 de enero de 2008
Proceso de creación (IV)
Pues nada, un par de versos más. Creo que se trata de un poema infinito, como el presente contínuo infinito.
Mientras, nuestros párpados, cual mariposas de una extraña raza, copulan a distancia al ritmo de las flores o de los sueños, al compás del perfume del sexo.
Has de saber que alimento mi corazón con gotas de tus labios, y que lo voy disfrazando de un color azul.
Mientras, nuestros párpados, cual mariposas de una extraña raza, copulan a distancia al ritmo de las flores o de los sueños, al compás del perfume del sexo.
Has de saber que alimento mi corazón con gotas de tus labios, y que lo voy disfrazando de un color azul.
lunes, 7 de enero de 2008
Mis presentes continuos infinitos
Creo que todo lo pasado ha merecido la pena, pero no creo que todo lo presente sea una consecuencia merecida de lo pasado. Nada depende de nada. Todo es un presente contínuo, o mejor dicho, varios presentes contínuos.
Mientras se recuerden esas cosas, se están viviendo. Algunas llegarán a su fin, otras, serán un presente contínuo infinito, como el amor de madre, como mi infancia, como el calor del útero, como la mirada de mi padre, como la vigilancia de mi hermana.
Y hay un presente contínuo infinito del presente, que es como una especie de sentimiento, que son esas amistades que hacen que te olvides de todo y a la vez sigas recordando esos presentes contínuos infinitos haciéndoles, incluso, partícipes de ellos. Algo así como compartir una misma infancia con la única diferencia de la edad. Es un presente con nombre abstracto: amistad. Es un presente con nombres propios: Marisa, Alberto, Ana, Ramón.
Pero hay otro presente contínuo infinito del presente. Un presente que va camino de cuatro meses, un presente que se llena de alegría, de ilusión, de un compromiso mutuo y del deseo de ser libertad, porque como dijo Platón "mientras se desea no se posee". Es un presente con nombre abstracto: amor, que es a la vez acción y contemplación, audacia y prudencia, virilidad y feminidad. Es un presente con nombre propio: Sandra, mi faro de Alejandría, guía de la libertad de mi alma.
Mientras se recuerden esas cosas, se están viviendo. Algunas llegarán a su fin, otras, serán un presente contínuo infinito, como el amor de madre, como mi infancia, como el calor del útero, como la mirada de mi padre, como la vigilancia de mi hermana.
Y hay un presente contínuo infinito del presente, que es como una especie de sentimiento, que son esas amistades que hacen que te olvides de todo y a la vez sigas recordando esos presentes contínuos infinitos haciéndoles, incluso, partícipes de ellos. Algo así como compartir una misma infancia con la única diferencia de la edad. Es un presente con nombre abstracto: amistad. Es un presente con nombres propios: Marisa, Alberto, Ana, Ramón.
Pero hay otro presente contínuo infinito del presente. Un presente que va camino de cuatro meses, un presente que se llena de alegría, de ilusión, de un compromiso mutuo y del deseo de ser libertad, porque como dijo Platón "mientras se desea no se posee". Es un presente con nombre abstracto: amor, que es a la vez acción y contemplación, audacia y prudencia, virilidad y feminidad. Es un presente con nombre propio: Sandra, mi faro de Alejandría, guía de la libertad de mi alma.
martes, 25 de diciembre de 2007
Proceso de creación (III)
Va saliendo pero no sé el que. No sé si será un poema o una prosa lírica, sólo deseo que sea un lienzo...
Horizontal me esperas, tumbada en el lecho de hojas secas del parque del Oeste, donde me convertí en locura por amar las golondrinas de aquel día. Horizontal me esperas, tumbada, desnuda en mantón de manila, y cuando entro, empiezo a besar las líneas del horizonte, la verticalidad del límite.
Los desfiladeros de tus ingles.
Horizontal me esperas, tumbada en el lecho de hojas secas del parque del Oeste, donde me convertí en locura por amar las golondrinas de aquel día. Horizontal me esperas, tumbada, desnuda en mantón de manila, y cuando entro, empiezo a besar las líneas del horizonte, la verticalidad del límite.
Los desfiladeros de tus ingles.
jueves, 20 de diciembre de 2007
Proceso de creación (II)
Nuevos versos. La estructura, la imagen del poema la tengo en la cabeza, me faltan las palabras, que van saliendo... .
Tus labios son luz de luna
dulce brillo de miel.
Son tus ojos los faros
que alumbran el paso de mi lengua
por el paraíso incierto de tu piel.
Horizontal me esperas, tumbada.
Cuando entro,
empiezo a besar las líneas del horizonte,
la verticalidad del límite.
Tus labios son luz de luna
dulce brillo de miel.
Son tus ojos los faros
que alumbran el paso de mi lengua
por el paraíso incierto de tu piel.
Horizontal me esperas, tumbada.
Cuando entro,
empiezo a besar las líneas del horizonte,
la verticalidad del límite.
jueves, 13 de diciembre de 2007
Proceso de creación
Ando estos días creando un poema para tí, y se me ha ocurrido ir escribiendo aquí el proceso de creación de dicho poema, los versos sueltos que surgen, las variaciones que aparecen, rectificaciones, añadidos, todo lo relativo al poema, ideas y pensamientos hasta que llegue a la versión definitiva.
Deja que tu vientre
sea el portal donde pase las noches de insomnio.
Me he convertido en locura
buscando las golondrinas de aquel día,
recogiendo las hojas secas del otoño.
Me he ganado una condena
por atentar contra el tiempo.
Deja que tu vientre
sea el portal donde pase las noches de insomnio.
Me he convertido en locura
buscando las golondrinas de aquel día,
recogiendo las hojas secas del otoño.
Me he ganado una condena
por atentar contra el tiempo.
jueves, 29 de noviembre de 2007
Luces de aeropuerto
Solía pasar las noches alrededor del aeropuerto mirando las luces y aviones aterrizar. Algunas veces, se paseaba por los clubes de alrededor para consumir algun martini y ser succionado por los labios de alguna puta.
-¿Sabes muchacho?, me enamoran las luces del aeropuerto. Cada una de ellas representa algo para mí, mis miedos, mis soledades, mi estado de ánimo, las veces que me han derribado, las mujeres de las que me he enamorado... Sólo he viajado dos veces, y nunca he visitado las ciudades, sólo los aeropuertos, las noches de los aeropuertos.
Uno de ellos estaba perdido en Tanzania. Me sentí libre en Tanzania, me sentí un hombre grande, lleno de logros. Las únicas luces de aquel aeropuerto eran cuatro bengalas. Me sentaba en mitad de la pista y acariciaba la panza de los aviones como si fueran elefantes...
El otro aeropuerto fue el JFK, sentí miedo la primera noche, luego me fui acostumbrando. Las luces de aquel aeropuerto me marcaban objetivos, eran como planes que debía hacer, una familia, un trabajo... el JFK es toda una utopía, joder, lo verdadero, mi verdadero aeropuerto, está aquí. Sólo me gustaría ver las luces de una ciudad, las de Las Vegas... ¿qué veré de mí en esas luces?, dime muchacho.
-Sólo lo sabrás si viajas a Las Vegas...- y se marchó, se marchó camino de un club, de una luz o a su casa.
Volví unos días después a la pasarela donde solía pasar las noches de aeropuerto, las luces de la ambulancia destelleaban en la carretera, su cuerpo tendido en el asfalto, N-II, Carretera de Barcelona. Fui entonces a uno de los clubes que aquel tipo solía frecuentar, pedí un gin-tonic, y le di a una joven muchacha el billete de ida para Las Vegas.
Me queda el desconsuelo de que su cuerpo fue atendido por una ambulancia con tantas luces que ninguna pudo devolverle la vida, su luz.
-¿Sabes muchacho?, me enamoran las luces del aeropuerto. Cada una de ellas representa algo para mí, mis miedos, mis soledades, mi estado de ánimo, las veces que me han derribado, las mujeres de las que me he enamorado... Sólo he viajado dos veces, y nunca he visitado las ciudades, sólo los aeropuertos, las noches de los aeropuertos.
Uno de ellos estaba perdido en Tanzania. Me sentí libre en Tanzania, me sentí un hombre grande, lleno de logros. Las únicas luces de aquel aeropuerto eran cuatro bengalas. Me sentaba en mitad de la pista y acariciaba la panza de los aviones como si fueran elefantes...
El otro aeropuerto fue el JFK, sentí miedo la primera noche, luego me fui acostumbrando. Las luces de aquel aeropuerto me marcaban objetivos, eran como planes que debía hacer, una familia, un trabajo... el JFK es toda una utopía, joder, lo verdadero, mi verdadero aeropuerto, está aquí. Sólo me gustaría ver las luces de una ciudad, las de Las Vegas... ¿qué veré de mí en esas luces?, dime muchacho.
-Sólo lo sabrás si viajas a Las Vegas...- y se marchó, se marchó camino de un club, de una luz o a su casa.
Volví unos días después a la pasarela donde solía pasar las noches de aeropuerto, las luces de la ambulancia destelleaban en la carretera, su cuerpo tendido en el asfalto, N-II, Carretera de Barcelona. Fui entonces a uno de los clubes que aquel tipo solía frecuentar, pedí un gin-tonic, y le di a una joven muchacha el billete de ida para Las Vegas.
Me queda el desconsuelo de que su cuerpo fue atendido por una ambulancia con tantas luces que ninguna pudo devolverle la vida, su luz.
martes, 20 de noviembre de 2007
Lejana habitación de hotel
Me juró haberse acostado con un tipo que era el mismisimo Correcaminos, y me aseguró no estar orgullosa de ello. Mientras tanto, en la mesilla, el despertador iluminaba las 7:30 de la mañana y una botella de Jack Daniel´s medio vacía.
Resonaba alguna canción de Andrés Calamaro en la habitación, y de vez en cuando me recitaba líneas de algún libro de Cortázar o se apretaba otro trago de whisky. "He quemado la novela que estaba escribiendo". Entonces, me la imaginé tumbada en la cama, envuelta en un gran edredón blanco, observando en la papelera de la habitación las llamas del libro a medio escribir. "No sé por qué lo hice. No podía dormir, algún que otro exceso... no lo sé, no me lo consigo explicar". Y sentía a través del teléfono sus ojos inyectados en lágrimas. Silencio. "Y vos, ¿seguís escribiendo imágenes?".
-Intento escribir una "road novel"
-¿De qué se trata?
-Todavía no lo sé, una especie de La Colmena del siglo XXI.
Y se apretó otro trago de whisky. Y arrugó otra página de su novela a medio escribir. El chasquido del fuego, el calor de esa novela, su cuerpo desnudo. "Y decime, ¿conservas aún esa fecha tan linda?"
-La conservo.
-Recuerdame cuál era.
-21 del 9 del 2007.
-Oh, que lindo número.
Y se apretaba otro vaso de Jack Daniel´s, desnuda y sensual, y colgaba el teléfono.
El caso es que nunca la conocí personalmente. No sé cómo consiguió mi número.
Resonaba alguna canción de Andrés Calamaro en la habitación, y de vez en cuando me recitaba líneas de algún libro de Cortázar o se apretaba otro trago de whisky. "He quemado la novela que estaba escribiendo". Entonces, me la imaginé tumbada en la cama, envuelta en un gran edredón blanco, observando en la papelera de la habitación las llamas del libro a medio escribir. "No sé por qué lo hice. No podía dormir, algún que otro exceso... no lo sé, no me lo consigo explicar". Y sentía a través del teléfono sus ojos inyectados en lágrimas. Silencio. "Y vos, ¿seguís escribiendo imágenes?".
-Intento escribir una "road novel"
-¿De qué se trata?
-Todavía no lo sé, una especie de La Colmena del siglo XXI.
Y se apretó otro trago de whisky. Y arrugó otra página de su novela a medio escribir. El chasquido del fuego, el calor de esa novela, su cuerpo desnudo. "Y decime, ¿conservas aún esa fecha tan linda?"
-La conservo.
-Recuerdame cuál era.
-21 del 9 del 2007.
-Oh, que lindo número.
Y se apretaba otro vaso de Jack Daniel´s, desnuda y sensual, y colgaba el teléfono.
El caso es que nunca la conocí personalmente. No sé cómo consiguió mi número.
jueves, 8 de noviembre de 2007
Breve
El taxista que me recojió anoche, conducía el taxi como si tocara el piano. Tanto es así, que sobre el capó del coche, la mismísima Edith Piaf restregaba su culo mientras oíamos su voz en la radio.
Las soledades selectivas de la vida.
No me gustan las luces de las ciudades. Las odio. Desde el cartel de bienvenida de Las Vegas hasta el de "Schweppes" de la Gran Vía.
Las soledades selectivas de la vida.
No me gustan las luces de las ciudades. Las odio. Desde el cartel de bienvenida de Las Vegas hasta el de "Schweppes" de la Gran Vía.
lunes, 5 de noviembre de 2007
Al
Para Alberto
Conocí a Al una noche, en un pequeño garito de rock & roll, perdido en medio de la ciudad. Le conocí después de un concierto suyo, al que no asistí. LLegué tarde, y estaba en ese momento en que el músico medita su retirada después de cada concierto, con una sin en la mano, con un boli y una servilleta. Desde esa imagen, supe que era un gran músico.
-Me gustan tus canciones, no están mal.
-No te he visto en la sala. ¿Tomas algo?
-Un gin tonic.
Y mi idea de que era un gran músico se volvió a reafirmar, aunque nunca le he visto interpretar alguna canción.
Abandonamos aquel garito, tan pequeño, que sólo podía colgar la guitarra de Bob Dylan en la puerta del baño unisex y empezaba a sonar "Hurricane" cuando salíamos de la sala.
Recorrimos la ciudad en un Chrysler Neon, musicalizado. Dios Santo, Al es una discoteca ambulante, un archivo musical. Y en los semáforos en rojo, mirábamos las piernas de las chicas cruzar, atravesábamos Gran Vía, con todos los semáforos en verde, escuchando a Lucinda Williams y parecía que el Chrysler estaba en su ambiente, parecía que recorríamos aquellas carreteras infinitas de Estados Unidos.
Paramos en bares y garitos a base de cerveza sin y gin tonic y me sacó una servilleta de su bolsillo con el carmín de la Jessica Alba del momento y una foto de la Harley con la que recorrió la Ruta 66. "Lo mejor, eran los hostales de dos estrechas, muchacho". Seguimos abriendo o cerrando garitos, seguimos viendo piernas de muchachas cruzando calles, parejas follando en los bancos de Doctor Esquerdo. Acabamos viendo un bolo de Chaouen, entre olor a marihuana, carmín en vasos de cubata y más piernas kilométricas de muchachas, que nos parecían demasiado largas para besar en una sola noche. Acabó el concierto.
-¿Dónde vas ahora muchacho?
-A buscar un hostal de dos estrechas.
Volvió a sacar la servilleta con el carmín de la Jessica Alba del momento. En esa dirección encontrarás a tu Jessica Alba.
-Prometo devolverte la servilleta cuando la encuentre.
Desde entonces, Al, ocupa ese asiento en el garito entre la amistad y la fraternidad. Ah, y con su negrita en la mano.
Y yo, encontré a mi Jessica Alba, o a mi Ingrid Bergman. Lo que no encontré fue el Hostal de dos estrechas, cierto es, que no me hizo falta llegar.
martes, 30 de octubre de 2007
Números
Dame la mano, que contigo es más llevadero
este camino que conduce del cielo al infierno.
Carlos Chaouen (Que te diría)
2 Universos. Tus ojos.
1 beso. El primero, o cualquiera de ellos.
/
9 maneras de mirarte, aunque estoy descubriendo más
/
2 faros. Tus ojos, que alumbran al paraíso.
0, redondo, como tu ombligo.
0 espacios entre los dos.
7 pecados que cometería, siempre que fuera de tu mano al infierno.
lunes, 22 de octubre de 2007
Rumbo (no) errado
Para Lejana
No existe el rumbo errado, o en su defecto, todos los rumbos lo son. Viajar en un viejo Chevrolet, azul cielo, por caminos de grava, escuchando a Lucinda Williams o Quique González, a Rebeca Jimenez o a Bob Dylan, tarareando alguna de Calamaro y parando en páramos desiertos para marcarme un bailecito sin tener ni puta idea de bailar, y ella, sentada en el asiento del copiloto, mirándome, fumando un cigarrillo rubio, riéndose a carcajadas de mis pasos de baile bajo la lluvia. Este quiero que sea mi rumbo. Mi rumbo (no) errado.
jueves, 18 de octubre de 2007
Imagen
Y yo ahí, sentado al final del pasillo, junto a la ventana entreabierta, sentado frente a la habitación número 69 de aquel motel perdido en la ciudad. Y fuera lloviendo. En el callejón como de película, que veía desde la ventana, la tapicería roja de un Chrysler descapotable terminaba de joderse. Mientras, al lado, en un viejo Ford Capri, una pareja de jóvenes no paraba de joder. Y mientras, yo seguía preguntándome qué coños hacía ahí sentado, mirando el número 69 de la puerta, borracho de absenta y escribiendo esto en mi libreta negra.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Me desperté con frío y ganas de llorar
Me desperté con frío y ganas de llorar. Me desperté pensando en mamá, en aquellas mañanas de colegio que me despertaba y me ayudaba a vestirme mientras apuraba los minutos de sueño. Y me acordé de aquella imagen, me acordé de ella, de mamá asomada a la ventana de la cocina, diciéndome adiós con la mano mientras yo iba al colegio, ya con 8 ó 9 años, creyéndome yo un hombre, o cuando iba al instituto. Ya los últimos meses, seguía girando la cabeza, pero nadie me decía adiós. La ventana de la cocina, se había quedado huérfana.
Esta noche, necesito dormir arropado, en posición fetal, como si estuviera en el útero de una rosa amarilla. En el útero caliente y protector de mamá.
Esta noche, necesito dormir arropado, en posición fetal, como si estuviera en el útero de una rosa amarilla. En el útero caliente y protector de mamá.
jueves, 4 de octubre de 2007
El tipo que se tiró a Betty Boop
(Aún sin terminar)
Conocí a un tipo que decía que se había tirado a Betty Boop. No le creí. Fue aquella vez que aprendí dos acordes para la guitarra y que olvidé mientras esperaba un tren que nunca llegó y una chica que tampoco apareció.
Decía que la recogió en una carretera secundaria, una tarde de lluvia en su Cadillac descapotable mientras hacía autostop, y que acabaron la noche en vela en un motel de las afueras con las pupilas dilatadas y el baño girando. A la mañana siguiente le abandonó en un viejo Chrysler, "¡Joder!, tan amarillo, muchacho, como el pis que eché esa mañana".
Resultó ser un buen tipo aquel hombre. Tenía tantos cigarrillos en los bolsillos que corría el riesgo de salir ardiendo. Al final acabamos tomando unos tragos y viendo un combate de boxeo en una vieja televisión en blanco y negro. Dios santo, el boxeo de aquel púgil consistía en golpear con su cara los guantes del contrincante.
Conocí a un tipo que decía que se había tirado a Betty Boop. No le creí. Fue aquella vez que aprendí dos acordes para la guitarra y que olvidé mientras esperaba un tren que nunca llegó y una chica que tampoco apareció.
Decía que la recogió en una carretera secundaria, una tarde de lluvia en su Cadillac descapotable mientras hacía autostop, y que acabaron la noche en vela en un motel de las afueras con las pupilas dilatadas y el baño girando. A la mañana siguiente le abandonó en un viejo Chrysler, "¡Joder!, tan amarillo, muchacho, como el pis que eché esa mañana".
Resultó ser un buen tipo aquel hombre. Tenía tantos cigarrillos en los bolsillos que corría el riesgo de salir ardiendo. Al final acabamos tomando unos tragos y viendo un combate de boxeo en una vieja televisión en blanco y negro. Dios santo, el boxeo de aquel púgil consistía en golpear con su cara los guantes del contrincante.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)